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Preparación de exámenes·12 min de lectura

Selectividad en septiembre: cómo prepararse en 4 semanas

Selectividad septiembre 2026: plan de 4 semanas para preparar la convocatoria extraordinaria con prioridades claras, simulacros diarios y control del estrés.

Sofía Vásquez
Sofía Vásquez

Educational Coach & Former ESO Guidance Counsellor

Publicado el 8 de agosto de 2026 · Actualizado el 8 de agosto de 2026

Estudiante de Bachillerato repasando en agosto para la convocatoria extraordinaria de la selectividad de septiembre

Cuando alguien dice «selectividad de septiembre», en realidad habla de la convocatoria extraordinaria de la EBAU: la segunda oportunidad tras un suspenso en junio. Y esa segunda oportunidad se juega en veintiocho días, no el día del examen. En mis ocho años como orientadora en un instituto de Madrid vi el mismo patrón cada verano: el alumno que en junio se quedó a dos décimas de su nota de corte y que, si organiza bien el mes que tiene por delante, en septiembre sube más de un punto entero. No porque estudie el doble. Porque estudia distinto.

Esta guía es el plan que yo diseño con mis alumnos cuando llegan en julio con el boletín de junio en la mano y cuatro semanas por delante. Cuatro fases: diagnóstico, refuerzo, simulacro y ajuste fino.

Lo que necesitas antes de empezar: la autoevaluación de nivel

Antes de abrir un libro hace falta un diagnóstico exacto. No sirve de nada repasar toda Historia si el problema real de junio fueron dos preguntas concretas de Filosofía y un bloque de Geometría en Matemáticas.

Para prepararse para la selectividad de septiembre en cuatro semanas: revisa el examen corregido de junio pregunta por pregunta, identifica qué bloques concretos fallaron, prioriza los que más peso tienen en la nota y dedica las dos primeras semanas solo a esos bloques antes de pasar a simulacros completos.

Pide en la secretaría del instituto o de la universidad el examen corregido, con las anotaciones del corrector. La mayoría de distritos universitarios (Complutense, Autónoma, Barcelona, Sevilla, Valencia) permiten solicitar la revisión dentro de un plazo breve tras la publicación de notas. Ese documento vale más que diez horas de repaso genérico: te dice exactamente dónde perdiste los puntos.

Con esa información, construye una tabla mental, o en papel, con tres columnas: bloque temático, puntos perdidos, motivo del fallo. Motivo del fallo casi nunca es "no lo sabía". Suele ser un error de presentación, un límite de tiempo mal gestionado, o una confusión entre dos conceptos parecidos.

Semana 1: diagnóstico y plan de choque por bloques

La primera semana no es para memorizar más contenido. Es para construir el mapa de prioridades y empezar a corregir los fallos identificados.

Divide cada troncal (Lengua, Historia, Inglés, la de tu modalidad) en los bloques temáticos oficiales. Marca en rojo los que aparecieron en tu examen de junio con mal resultado, en amarillo los que sacaste una nota media, en verde los que dominas. La regla es simple: los bloques rojos consumen el 60% del tiempo de estudio de esta semana, los amarillos el 30%, y los verdes solo un repaso de mantenimiento de 15 minutos al día.

Para cada bloque rojo, no repases la teoría desde cero. Ve directamente a ejercicios tipo de examen y corrígelos con los criterios oficiales de tu universidad, disponibles en su web. Nuestra guía de técnicas de estudio eficaces explica por qué resolver ejercicios corregidos enseña más en una hora que releer apuntes durante tres, y por qué la mayoría de alumnos hace justo lo contrario.

Dunlosky y su equipo (2013, Kent State University) revisaron diez técnicas de estudio habituales en una síntesis publicada en Psychological Science in the Public Interest. Su conclusión fue clara: la práctica de recuperación, resolver ejercicios sin mirar el libro, y la práctica distribuida en el tiempo son las dos técnicas con más evidencia de eficacia real. Subrayar y releer, las dos más usadas por los alumnos, están entre las de menor impacto.

Termina la semana con un primer test de cada troncal, cronometrado, en las condiciones del examen real. No hace falta que salga bien. Hace falta que salga honesto.

Semana 2: refuerzo por bloques con repetición espaciada

La segunda semana consolida lo trabajado en la primera e introduce una herramienta que, según mi experiencia, es la que más diferencia marca en solo cuatro semanas: la repetición espaciada.

Marcos vino a verme en julio del año pasado. Había suspendido Matemáticas II e Historia en junio por dos y tres décimas respectivamente. Su primer instinto fue repasar todo el temario otra vez desde el principio, como si el suspenso hubiera sido por ignorancia total. Le paré los pies. Con veintiocho días por delante, repetir el temario completo no le iba a recuperar esas décimas. Construimos un mapa de errores exactos sacado de su propio examen corregido, y organizamos el repaso de esos bloques concretos en sesiones espaciadas de 20 minutos, repetidas cada dos o tres días en lugar de en una sola sesión larga.

En la convocatoria extraordinaria subió 1,4 puntos en Matemáticas y 0,9 en Historia. Aprobó las dos.

Nuestro artículo sobre repetición espaciada y aprendizaje detalla cómo espaciar las sesiones de repaso multiplica la retención frente a machacar un bloque durante horas seguidas la víspera del examen. En la práctica, para estas cuatro semanas: repasa cada bloque rojo al menos tres veces, con al menos un día de por medio entre cada repaso, no en una única maratón de estudio.

Si tu modalidad exige Matemáticas o Física, esta es también la semana de retomar ejercicios de nivel medio-alto con ayuda dirigida si hace falta — una sesión con un profesor de apoyo especializado en el bloque concreto que falla suele desatascar en dos o tres sesiones lo que semanas de estudio solo no consiguen. Puedes ver cómo funciona en nuestra página de clases particulares de matemáticas.

Semana 3: simulacros diarios y gestión del estrés de la segunda oportunidad

La tercera semana cambia de ritmo. Se acabó el estudio por bloques sueltos: toca simulacro completo, cronometrado, cada dos días como mínimo, alternando troncales y, si aplica, la específica que más pondera en tu grado.

Henry Roediger y Jeffrey Karpicke (2006, Washington University) publicaron un estudio ya clásico sobre lo que llamaron el "efecto de la práctica de recuperación": estudiantes que se examinaban activamente del material, en lugar de releerlo, retenían muchísimo más una semana después. Un simulacro cronometrado no es solo entrenamiento de resistencia. Es, literalmente, la técnica de estudio con más evidencia detrás.

Pero la convocatoria extraordinaria tiene un componente que la ordinaria no tiene con la misma intensidad: la ansiedad de la segunda oportunidad. Lucía, alumna de un instituto de Getafe, me llamó en agosto del año pasado en plena crisis de ansiedad. Llevaba dos semanas sin dormir bien y había decidido que no se presentaba. No tocamos el temario esa semana. Cambiamos la rutina de sueño y añadimos diez minutos diarios de respiración lenta y controlada, antes de cada sesión de estudio y antes de dormir. Se presentó. Sacó una nota más alta que en junio.

No tengo una cifra exacta de cuántos alumnos abandonan la extraordinaria por ansiedad y no por falta de preparación, pero en mis años de orientadora lo vi constantemente: quien llega física y mentalmente agotado rinde peor que quien llega con menos horas de estudio pero descansado. Duerme ocho horas. No añadas cafeína extra en la recta final: sube la ansiedad sin mejorar el rendimiento real.

Esta semana es también el momento de revisar de nuevo tus prioridades con nuestra página de preparación para la selectividad, que organiza el banco de ejercicios por bloque y por peso real en el examen, así no dedicas tiempo a lo que ya dominas.

Semana 4 y últimos días: ajuste fino y logística del examen

La última semana no se aprende nada nuevo. Se pule lo que ya sabes y se cuida el cuerpo, que en la recta final pesa tanto como el temario.

Reduce el volumen de estudio a la mitad respecto a la semana 3, pero mantén al menos un simulacro completo a mitad de semana. Repasa tus fichas de errores, no el libro entero. Duerme las mismas horas todos los días, incluido el fin de semana previo: dormir mucho el sábado y poco entre semana empeora la concentración, no la mejora.

La víspera del examen: cierra los apuntes a media tarde, prepara el DNI, el bolígrafo, el reloj sin conexión y la ubicación exacta del aula con antelación. Cena ligero, acuéstate a tu hora habitual. Nada de repasar hasta las tantas: el cerebro cansado rinde peor incluso con más contenido repasado.

El día del examen, llega con margen, lee el examen completo antes de escribir la primera palabra y reparte el tiempo por puntuación, no por número de preguntas. Si te bloqueas en una pregunta, pasa a la siguiente y vuelve al final. Perder cinco minutos en una pregunta de un punto cuando quedan dos de tres puntos sin tocar es el error más caro de toda la selectividad de septiembre.

Si en esta última semana detectas que un bloque concreto sigue fallando pese al repaso, unas sesiones dirigidas con un profesor especializado en ese tema exacto suelen resolver en días lo que el estudio solo no ha resuelto en semanas. Es exactamente para eso que existe una plataforma como la nuestra: no para sustituir las cuatro semanas de trabajo, sino para desatascar el punto concreto que las cuatro semanas solas no arreglan.

Los errores que lo sabotean todo

No hay una fórmula mágica para la extraordinaria, pero sí hay errores que la revientan sistemáticamente.

Repasar todo el temario desde cero, como si el suspenso de junio hubiera sido por ignorancia general. Casi nunca lo es: suele ser dos o tres bloques concretos y algún problema de presentación o de gestión del tiempo.

Estudiar más horas que en junio pensando que la cantidad compensa. La convocatoria extraordinaria se pierde muchas veces por agotamiento, no por falta de horas.

Ignorar la fase voluntaria si tu grado la pondera. Dos específicas con ponderación 0,2 pueden sumar hasta cuatro puntos sobre la nota de admisión. Descuidarlas para "centrarse en lo seguro" es tirar puntos que cuestan menos esfuerzo que subir una décima en una troncal.

No pedir la revisión del examen de junio. Sin ese documento, el diagnóstico de la semana 1 se hace a ciegas.

Y el más silencioso de todos: no dormir. Un alumno que llega al examen con cinco horas de sueño acumuladas de déficit rinde, de media, peor que uno con menos temario repasado pero descansado. Lo he visto una y otra vez, y sigue siendo el consejo que menos se sigue de los cinco.

Preguntas frecuentes sobre la selectividad de septiembre

¿Cuándo es la convocatoria extraordinaria de la selectividad?

Depende de la universidad. La mayoría de distritos universitarios en España han adelantado la extraordinaria a la primera quincena de julio, aunque el nombre popular sigue siendo "la de septiembre", herencia del calendario anterior a 2017. Algunas comunidades mantienen fechas de finales de julio o principios de septiembre. Consulta siempre el calendario oficial publicado en la web de tu universidad de referencia, porque las fechas exactas cambian cada curso.

¿Es posible aprobar en solo cuatro semanas si suspendí varias asignaturas?

Sí, siempre que el suspenso sea por poco margen y el repaso se organice por prioridad de peso en el examen, no por orden alfabético de asignaturas. Si suspendiste tres troncales por más de tres puntos cada una, cuatro semanas son insuficientes y conviene hablar con tu orientador sobre otras vías. Pero la mayoría de suspensos en la ordinaria son por menos de dos puntos.

¿Cuántas horas al día hay que estudiar en la extraordinaria?

Entre cuatro y seis horas diarias durante las tres primeras semanas, con descansos reales cada 50-60 minutos, y una reducción a la mitad en la última. Más horas no es sinónimo de mejor resultado: a partir de cierto cansancio acumulado, el rendimiento por hora cae en picado. Es preferible estudiar cinco horas concentradas y bien organizadas que ocho horas dispersas sin plan ni descanso.

¿Merece la pena una clase particular en solo cuatro semanas?

No para todo el temario, pero sí para desatascar un bloque concreto que llevas semanas sin entender. Cuatro o cinco sesiones dirigidas a un problema exacto suelen resolver en días lo que el estudio en solitario no ha resuelto en semanas. Es un complemento puntual para el punto de bloqueo real, no un sustituto del trabajo personal.

¿Cómo gestionar el estrés de presentarse por segunda vez?

Con rutina, no con fuerza de voluntad. Duerme las mismas horas cada noche, incluidos los fines de semana. Haz al menos treinta minutos de ejercicio físico al día, aunque sea caminar. Practica respiración lenta y controlada, diez minutos, antes de estudiar y antes de dormir. Evita el exceso de cafeína en la última semana: sube la ansiedad sin mejorar el rendimiento.

¿Qué pasa si vuelvo a suspender en la extraordinaria?

Puedes presentarte de nuevo el año siguiente, sin límite de intentos ni necesidad de repetir Bachillerato. La nota de acceso se recalcula con el mejor resultado obtenido en cualquiera de las convocatorias a las que te presentes. Conozco alumnos que aprobaron en su segundo o tercer intento y terminaron cursando exactamente el grado que querían.

Veintiocho días bien usados

Vuelvo a Marcos. Cuando llegó a mi despacho en julio, no tenía un problema de conocimiento: tenía una decena de fallos concretos sin corregir y ningún orden de prioridades. Cuatro semanas después, esos fallos ya no estaban. Eso es, en el fondo, lo único que cambia entre junio y la selectividad de septiembre: el tiempo que queda ya no permite repasarlo todo, así que hay que decidir, con datos y no con pánico, qué repasar primero.

No existe una fórmula que garantice el aprobado en cuatro semanas. Existe, eso sí, una diferencia medible entre repasar por inercia y repasar con un plan basado en tus propios errores. La segunda opción es la que funciona.

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